Le resultaba imposible reconocerse. No encontraba las respuestas que necesitaba. Las ideas estaban condenadas a no nacer. La aconsejaban con seguridad, pero quedaban convertidos en falsos ilusionistas al enmudecer cuando preguntaba: ¿Cómo lo hago? ¿Cómo superar éste sacrificio sin sentido, ante una situación monótona y repetitiva en que un resultado satisfactorio es una utopía? ¿Cómo librarme de esta calamidad repentina que no elegí?Una parte de ella estaba con otra persona a la que debía cuidar y proteger. Ésta padecía alzheimer, enfermedad que veía como una cruel goma de borrar cuyo coste era el sufrimiento. La experiencia basada en el dolor le impedía rectificar lo incorrecto. No podía dejar sola a la persona enferma, aunque a veces quisiera. En un principio lo hizo con el consiguiente arrepentimiento. En aquel entonces nadie quería el puesto que se vio obligada a ocupar. La enfermedad, sin padecerla, se extendió ocupando su espacio. Derrumbó su mundo; cambió sus relaciones, el tiempo libre, la salud y el estado de ánimo. Empequeñeció su espíritu y la replegó sobre mí misma. Insensible hacia lo que la rodeaba, no veía ni sentía más allá de la persona enferma.
El sentido común le reclamaba comprender y actuar como debiera y la culpabilidad traspasó sus sentimientos. Sentía impotencia ante su sonrisa inexpresiva y su mirada hacia adentro, ante su pasividad y su agresividad, ante las ayudas escasas por parte de las administraciones. Recibía la enfermedad con pena y miedo, ante un diagnóstico tardío y un futuro incierto. Como le gustaría saber llenarse de paciencia como oía decir a personas más fuertes que ella.
Aunque costaba describir aquellas sensaciones, las sentía con claridad. Emocionalmente no estaba bien, pero seguía hábitos diarios manteniendo la compostura. Actuaba con dignidad y entereza; sin "montar números" ni enfadarse. Paradójicamente, se sentía encerrada en el recuerdo de un antiguo mar de aguas mansas en el que acostumbraba a sumergirse.
A pesar de todo, una rendija de luz le permitía entender que no tenía explicación lo que sucedía; aceptar que no tenía una certeza evidente y revelarse ante la idea de conformarse, sin aprender a avenirse con un presente roto, evitando caer en el vacío. Sólo así conseguía desvanecer desconfianzas y temores.
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autora: Pilar, del blog A encesa de llum (conte amb 365 paraules)
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