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sábado, 20 de febrero de 2010

265.- Vivir el alzheimer

Le resultaba imposible reconocerse. No encontraba las respuestas que necesitaba. Las ideas estaban condenadas a no nacer. La aconsejaban con seguridad, pero quedaban convertidos en falsos ilusionistas al enmudecer cuando preguntaba: ¿Cómo lo hago? ¿Cómo superar éste sacrificio sin sentido, ante una situación monótona y repetitiva en que un resultado satisfactorio es una utopía? ¿Cómo librarme de esta calamidad repentina que no elegí?

Una parte de ella estaba con otra persona a la que debía cuidar y proteger. Ésta padecía alzheimer, enfermedad que veía como una cruel goma de borrar cuyo coste era el sufrimiento. La experiencia basada en el dolor le impedía rectificar lo incorrecto. No podía dejar sola a la persona enferma, aunque a veces quisiera. En un principio lo hizo con el consiguiente arrepentimiento. En aquel entonces nadie quería el puesto que se vio obligada a ocupar. La enfermedad, sin padecerla, se extendió ocupando su espacio. Derrumbó su mundo; cambió sus relaciones, el tiempo libre, la salud y el estado de ánimo. Empequeñeció su espíritu y la replegó sobre mí misma. Insensible hacia lo que la rodeaba, no veía ni sentía más allá de la persona enferma.

El sentido común le reclamaba comprender y actuar como debiera y la culpabilidad traspasó sus sentimientos. Sentía impotencia ante su sonrisa inexpresiva y su mirada hacia adentro, ante su pasividad y su agresividad, ante las ayudas escasas por parte de las administraciones. Recibía la enfermedad con pena y miedo, ante un diagnóstico tardío y un futuro incierto. Como le gustaría saber llenarse de paciencia como oía decir a personas más fuertes que ella.

Aunque costaba describir aquellas sensaciones, las sentía con claridad. Emocionalmente no estaba bien, pero seguía hábitos diarios manteniendo la compostura. Actuaba con dignidad y entereza; sin "montar números" ni enfadarse. Paradójicamente, se sentía encerrada en el recuerdo de un antiguo mar de aguas mansas en el que acostumbraba a sumergirse.

A pesar de todo, una rendija de luz le permitía entender que no tenía explicación lo que sucedía; aceptar que no tenía una certeza evidente y revelarse ante la idea de conformarse, sin aprender a avenirse con un presente roto, evitando caer en el vacío. Sólo así conseguía desvanecer desconfianzas y temores.
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autora: Pilar, del blog A encesa de llum (conte amb 365 paraules)
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lunes, 19 de octubre de 2009

141.- Desintoxicació

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Tip de sentir a familiars i amics que no paraven de dir-li que tanta lectura arribaria a fer-li mal (i amb la cua entre cames pels precedents que hi ha), en Mateu va decidir posar-se en mans especialitzades. Després de rigoroses proves i anàlisis en dejú, li van diagnosticar una elevada concentració de metàfores a les artèries i una poc tranquil•litzadora presència d’epítets i oxímorons als sediments, que aconsellaven posar-se en tractament sense més dilació.


-Ja et deia jo que de tant llegir perdries l’escriure! –clamava la seva muller amb aquell aire de superioritat que atorga un advertiment fet quan toca, a algú que no ha volgut escoltar.


Sort que van ser-hi a temps. Va ser dur i de mal sortir-ne però, hores d’ara, en Mateu és un home nou. Va liquidar la biblioteca venent-la a pes a un drapaire, va esquinçar els carnets de lector que duia a la cartera i es va fer incloure, amb nom i cognoms, en una d’aquelles llistes que impedeixen l’accés a qualsevol establiment adherit als sistemes de lectura pública. Com en una moderna crema de naus, en Mateu havia iniciat un viatge sense retorn possible.


Ara ja no enyora de cap manera el seu passat, fins al punt que quan ensopega amb algú que porta un bestseller sota l’aixella o passa per davant de l’aparador de novetats d’una llibreria ben proveïda no pot ocultar una mueca de disgust.
Coneguts seus que s’han mantingut en el vici sostenen amb unanimitat que no hi ha res pitjor que un ex–lector entre la facció més extremista dels sense lletra militants.


autor: Josep M. Sansalvador, del blog De res, massa