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lunes, 21 de diciembre de 2009

204.- Cobijo

Nunca aprendiste y ya jamás aprenderás, es demasiado tarde. Te tiraste toda la noche -lo mismo que toda tu vida- huyendo y no te sirvió para nada. Buscaste con desespero un refugio y al final encontraste aquella cueva al pie de la montaña, detrás de todos los bosques posibles. Parecía confortable, creíste que allí estarías a salvo. Recubierto por un halo de terror pensaste que en aquella húmeda penumbra estarías mejor que bajo la luminosa realidad del cielo abierto. Y cuando al fin te tumbaste y el sueño vencía tu maltrecha conciencia, cuando aspirabas a adormecer tu existencia para zafarte de su peso, aparecieron ellos desde el fondo de la guarida. Te hicieron un favor al matarte, al librarte del dolor. Te ejecutaron sin ninguna piedad, con saña y afán de sangre. Quebraron tus huesos y los utilizaron para trinchar tu carne, lanzaron tus vísceras fuera para regocijo de las otras alimañas, las que residen lejos de tu mente. Ha sido un cruel asesinato vaticinado. Esto es lo que tiene vivir con tus miedos. Te acompañan allá donde quiera que vayas -no tienes cobijo posible- y si no los vences, te acaban matando.
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autor: La marca amarilla, del blog El garaje hermético
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