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sábado, 15 de mayo de 2010

349.- La adorable Cecilia

Dormida y desnuda bajo el viejo árbol, cargado de rojos y de aromas, yace la adorable Cecilia abandonada. Pausa se despereza dejando que sus pechos relajados se derramen. Al poco ladea ligeramente el cuello, rendida y entregada. Uno de sus muslos se eleva lentamente ocultando, sin quererlo, el movimiento de su mano. Sus ojos cerrados premeditadamente, el gesto de placer de su sonrisa y el rítmico jadeo que surge de sus labios entreabiertos, compiten con el sonido del aleteo de unos pájaros que huyen como si presintieran algo. Es entonces cuando Cecilia, zénit exaltado vuelve la vista hacia la vieja valla. Conoce de sobras mi trayecto y mis horarios. Ya sabe, desde hace rato, que yo la estoy adorando.

Premiado con el primer premio en el concurso de microrrelatos de Minificciones.ning del mes de febrero de 2010.

Autora: Isabel González

Blog: Hoy voy a escribir

sábado, 1 de mayo de 2010

335.- Hasta que la vida nos separe

Aquel día amaneció sin vida. Ya en el tanatorio velaba angustiada su propia muerte y no la consolaba el hecho de seguir respirando, como todos los que la querían se empeñaban en hacerle creer. Te acompaño en el sentimiento, ahora hay que ser fuerte, la vida sigue, piensa que al menos ya no sufres, por fin descansarás en paz, es mejor así, los últmos meses han sido muy duros, ánimo Lucía, hija, ahora a mirar "pa lante"; mami, pasa página que aquí estamos todos contigo, dame un abrazo hermanuchi, tita no llores... y así una tras otra resonaban aquellas frases de ánimo que se perdían en el ambiente lacrimógeno de la sala sin que ella recibiese ninguna. Permanecía de pie apoyada en el féretro sin poder quitar la vista de aquella mujer hermosa que aún conservaba el gesto de enamorada en sus labios, como si hubiese muerto besándole.

En la sala contigua, Arturo, de pie junto a su féretro lloraba también desconsoladamente. Tampoco a él le compensaban las palabras de ánimo de los demás. A las once en punto dos misas daban el último adiós a los finados. Ambos séquitos se cruzaron cuando se dirigían hacia el lugar que ocuparían para siempre en aquel particular cementerio de amores imposibles. Lucía y Arturo cruzaron un momento sus miradas húmedas y tristes en un último gesto secreto de complicidad. Ni siquiera al final pudieron estar juntos.

Autora: Isabel González

Blog: Hoy voy a escribir

lunes, 19 de abril de 2010

323.- Baila conmigo

La invitó a bailar. Aquel vestido negro y ajustado a sus formas femeninas resultó altamente conductor de la suavidad y el calor de aquellas manos. Un escalofrío recorrió su espalda y, desconcertada, apretó su pecho contra el suyo desmayando su cabeza en aquel hombro predispuesto y ancho, ofreciéndole, sin pretenderlo, su cuello apetecible.

Se sintió correspondida entonces su caricia y le retiró ese mechón de pelo que caía sobre sus labios rozándolos suavemente con sus dedos. Su cuerpo se encendió cuando la vio cerrar los ojos estremecida y entregada.

Su amor nació aquel día, inesperadamente,... sin querer. Y de alguna forma supieron sentirse así el resto de sus vidas, en el final de su microrrelato.

Autora: Isabel González

Blog: Hoy voy a escribir